BIOGRAFIA

Nací en León un 13 de diciembre, unos días antes del cambio de siglo. A los 11 años pasó algo que cambiaría mi vida por completo, mis padres me llevaron al Festival Internacional de Magia de León y allí descubrí mi verdadera vocación. Hay gente que pasa toda su vida sin saber qué es lo que quieren ser o qué es lo que les hace crecer ese gusanillo en su interior; pero yo, gracias a ese festival lo tuve claro, quería ser mago. Soñaba con hacer desaparecer cosas igual que ellos y hacerlas aparecer de nuevo con un simple chasquido de mis dedos. Hice saber a mis padres que deseaba ser mago, no quería pasar mi tiempo en una oficina o en otro tipo de profesión, lo tenía muy, muy claro y ellos me apoyaron. Aquellas navidades los reyes magos me trajeron un juego de magia con el que comencé a dar mis primeros pasos en este maravilloso y misterioso mundo, probando y ejecutando mis primeros efectos de los cuales fueron testigos mi familia. Durante un par de años y de forma autodidacta me fui formando en el arte de la magia, no fue un camino fácil pero nunca me rendí. Mis padres, al ver que no era algo pasajero, decidieron buscarme una academia de magia durante el verano. La casualidad o la magia, quién sabe, hizo que ese mismo verano abriera sus puertas una academia cuyos dueños cambiarían mi vida para siempre. Ellos eran Juan Mayoral y su mujer Huang Zheng, dos grandes magos de fama internacional, que serían mis mentores y se convertirían también en dos grandes amigos.

Mi prueba de fuego fue el 18 de abril de 2013, aquel día realicé mi primer show con público, apenas diez niños de un colegio de primaria. Los nervios me agarrotaban el estómago y las dudas recorrían mi mente, tenía miedo que todo fuera un desastre. Nada más lejos de la realidad, todo salió a la perfección y aquellos diez niños quedaron maravillados ante la magia que les hice. La sensación que noté en el escenario se convirtió en una “droga” para mí y cuando mis padres me preguntaron qué tal me había sentido, yo sólo les respondí una cosa: “quiero más”. Aquel día nació el Mago Cess.

Durante años he luchado por abrirme paso en este complicado mundo. He estudiado y me he formado al lado de los mejores, que nunca me han discriminado por mi edad. He conocido a otros magos, con los que he compartido dudas, miedos y experiencias, forjando con ellos una amistad que a día de hoy perdura. La magia es parte fundamental de mi vida, es mi motor, mi trabajo y mi vocación. Llevo mi magia a teatros, a espectáculos infantiles, a cuentacuentos para darles un toque especial, amenizo bodas, bautizos, comuniones y cualquier otro tipo de reunión en la que quieran que un mago les haga soñar. Porque eso es la verdadera magia, hacer soñar a aquellos que me ven, que durante mi espectáculo la gente deje atrás sus preocupaciones y problemas para que vuelvan a ser el niño que una vez fueron y que olvidaron hace tiempo ya, aquel que no pensaba en cuál era el truco y simplemente se dejaba llevar disfrutando del espectáculo con una sonrisa iluminando su cara… eso para mí es la verdadera magia, es lo que quiero transmitir a todo el mundo y lo que me hace feliz. Para ello continúo formándome y trabajando muy duro para conseguir mi meta: ser uno de los grandes, al igual que han sido mis maestros antes que yo.